domingo, 5 de febrero de 2017

Encuentro en Gualeguay

Llevo en la memoria un espacio de poéticas coordenadas en el que solo anoté, y anoto, encuentros especiales entre personas (amigas o que se conocieron el día mismo del encuentro) que guardan entre sus patrias internas distintas sintonías de fuego apasionado en sus oficios (maneras de dar calor, vida, y de quemar, cuando la situación lo exige) en el quehacer cotidiano: ese espacio-tiempo en que el trabajo y la identidad abren la puerta que lleva hasta el costado mágico de los días (lo mágico señalado no refiere a una condición no humana, por el contrario: vida eterna a la magia nacida desde los hombres).
Estos encuentros son “suertes” de vida en la memoria de este cronista. Pienso en el encuentro citado en una nota hace unas semanas. Fui testigo, estuve como escucha, traté de intervenir solo cuando lo consideré acertado; siempre me gustó ocupar -lugar que tanto agradezco- mi posición de testigo aplicado, de escucha atento, para así poder aprender, y saber quién es el otro, y aún más cuando me encuentro delante de personas de labor destacada. Aquella vez el encuentro fue de amigos: José Saramago, su compañera: Pilar del Río, y mi amigo y maestro: el poeta Hugo Ditaranto. Fui testigo del encuentro/abrazo entre Jaime Torres y el Tata Cedrón; sucedió en un cumpleaños del Tata, cuando todavía estábamos cerca y compartíamos mucho de los días. Fui testigo del encuentro, de la charla de ideas y recuerdos entre el Tata, y el poeta y editor José Luis Mangieri en el departamento de calle Colombres, en Boedo. Fui testigo del encuentro en una mesa del café Margot de Boedo entre poetas como Nira Etchenique y Rubén Derlis. Fui testigo del encuentro, inolvidable, en que la compañera del poeta desaparecido: Roberto Santoro, Dolores, le llevó a Hugo Ditaranto la carpeta con los poemas del Tano que Santoro no pudo terminar de armar porque se lo llevaron los asesinos allá por el 77. Esa carpeta llegaba a las manos de Ditaranto en el 2005. Fui testigo del encuentro entre el escritor Osvaldo Bayer y los hacedores de la agrupación cultural Baires Popular. Fui testigo del encuentro de los poetas Marcos Silber y Leopoldo “Teuco” Castilla en la previa de la presentación de un libro de Castilla, en la Peña del Colorado en Palermo. Y fui testigo del encuentro en un café de mi Buenos Aires entre quienes fueron mis maestros en el oficio de la escritura: Hugo Ditaranto, poeta, y Gabriel Montergous, novelista; ninguno de ellos me enseñó cómo colocar una coma, pero sí me transmitieron mucha sustancia alrededor de una cuestión fundamental para quien quiere llegar a ser un escritor: me refiero al compromiso ético con el oficio.
Mario Bellocchio
Todo este recorrido mínimo sobre encuentros que guardo en la memoria tiene la siguiente razón de ser. Durante la visita de Mario Bellocchio a Gualeguay, sobre la que informara la semana pasada, hubo un momento de excepción, momento que refiere a uno de esos cruces que muchas veces se dan entre las cuestiones fundamentales de la vida y los puertos de contacto con aquello que se entiende como territorio cultural, en este caso el trabajo periodístico, de escritura y creación, y entre personas que saben de andar por un mismo desafío. Mi propuesta fue una reunión para presentar amigos: aprovechando la presencia de Bellocchio en mi casa, hice el convite y fue aceptado por el poeta Ricardo Maldonado. Desde Nogoyá el poeta traía el nuevo número de su revista “El Tren Zonal. Por la integración de los pueblos”, y desde Buenos Aires Bellocchio me acercaba los últimos cuatro números del periódico “Desde Boedo”. Dos hombres con historia se juntaban en la chacra gualeya. Dos publicaciones llegaban hasta mis manos: El Tren Zonal con 27 años de existencia, y Desde Boedo con 15 años de rodaje.
Ricardo Maldonado
Fue tiempo del abrazo, fue el tiempo de intercambio de sus publicaciones. El Tren Zonal número 182 en manos de Mario Bellocchio y con destino en su casa de calle Somellera; en las de Maldonado los meses de Desde Boedo y un ejemplar de “Luminoso Boedo. La aventura de Antonio Zamora y su Editorial Claridad. El Grupo de Boedo y las contiendas culturales”, con destino lector en Nogoyá. Maldonado luego agregaría a la revista su plaqueta: “Reverberaciones del Gualeguay” y su libro: “Que tan lejos llega”.
La charla se fue dando a paso tranquilo y certero durante el almuerzo y la sobremesa, que duró toda la tarde. Mario Bellocchio habló sobre la idea origen del nombre del periódico: desde un barrio con historia de artistas-obreros se tiende el puente hacia los otros barrios de la ciudad de Buenos Aires. Ricardo Maldonado habló de las bondades del tren en su tarea de ir enhebrando pueblos con las vías, y ahí la imagen primera para nombrar a su revista.
Tanto Bellocchio como Maldonado dejaron en claro una cuestión fundamental frente al hecho de fundar y mantener durante tantos años publicaciones culturales como las que son de su propiedad: saber exactamente desde qué lugar se mira el paisaje, saber a qué vereda se pertenece; en definitiva, una parada ética, casos de ideología, una defensa de ideas que los ubica claramente en la esquina que habita la gente que pertenece y defiende al pueblo. La defensa de las ideas por sobre todas las necesidades, el trabajo sincero al momento de revisar la historia que casi siempre cuentan de manera sesgada los vencedores. Está el rescate de la multitud de voces que “hacen” la memoria de los hombres en la aldea, la ciudad, la provincia, el país, la región, el mundo.
Estas publicaciones resistieron a través de los años sin que jamás alguno de sus directores vendiera su conciencia por conveniencia alguna. Poca publicidad es la que se ve en El Tren Zonal; y Desde Boedo recibe del gobierno de la Ciudad Autónoma de la Ciudad de Buenos Aires una publicidad que por ley está dispuesta para los medios barriales registrados; en sus páginas con claridad se ve que las ideas que sostiene el periódico nada tienen que ver con las que transita el gobierno de Larreta y Cambiemos. Decía Bellocchio en el editorial de enero: “En un retorno a las prácticas de explotación de ‘La Forestal’, el secretario de Empleo y ex CEO del grupo Techint, Miguel Ángel Ponte, opinó que ‘Contratar y despedir debería ser tan natural como comer y descomer’. Tan fino en sus modales provenientes de una educación que privilegia el bien decir antes que el social proceder, el señor secretario utilizó un neologismo que va a competir, por el trofeo ‘Eufemismo de Oro’, con la ‘grasa militante’ de Prat-Gay y el voto ‘no positivo’ de Julio Cobos. Dijo ‘descomer’, no se animó siquiera al académico ‘defecar’. Y muchísimo menos al que pronuncian las hipotéticas víctimas de su ‘paleolítica’ propuesta: ‘cagar’. (…)”.
Por su parte Maldonado en el editorial del número 182 de El Tren Zonal anota: “(…) siempre pensaron en su bolsillo y en su casta (banqueros, militares y obispos) así tuvieran que negociar con los enemigos de la patria con tal de conquistar hegemonía y escribir la historia luego a capricho para que las futuras generaciones los salvaran en la memoria a fuerza de mentiras. Por eso uno de los grandes criminales de la guerra contra el indio, el gaucho y el hermano pueblo de Paraguay, se apuró a escribir el relato de la historia según él, fundó un diario para limpiarse las manos manchadas con la sangre de tantos inocentes y que por más que haya procurado amañar los hechos narrados, la historia no lo ha absuelto, el mismo diario que hasta hoy sigue manipulando la opinión pública en la estricta defensa de la clase social a la que pertenece, simpático con toda entrega de aquello que implican los intereses nacionales y populares, partícipe necesario en todas las dictaduras (Papel Prensa por medio), asegurándose el poder, no sea que el pueblo se despierte y recupere el anhelo revolucionario de cuestionar tantas propiedades privadas fruto del latrocinio y de una justicia que ha santificado cuanta barbarie fuera cometida por los de arriba contra los de abajo (…)”.
El trabajo cultural desarrollado desde estas dos publicaciones: literatura, historia, identidad de los barrios/pueblos, es llevado adelante por un grupo de personas convencidas de sus ideas; se sabe del esfuerzo y el tiempo que este trabajo de hormiga demanda a los trabajadores de las publicaciones que transitan en las calles de la periferia de la prensa grande que, en la mayoría de los casos, defienden intereses empresariales.
Acompaño con mis notas a Desde Boedo desde sus primeros números, esta historia urbana ya lleva 15 años; y hoy ya sumo casi 3 años como pasajero en El Tren Zonal que cuenta de la historia de la entrerrianía haciendo pie en los pueblos. En la vereda del Café Margot, desde la mesa de publicaciones propuesta por Baires Popular, se reparte en mano el periódico a todo vecino que se acerca al refugio. Sobre la mesa también hay libros que no entran a las librerías, y fotos de la Boedo de ayer. Y en Gualeguay, cada vez que aparece la revista de Maldonado, me coloco el traje de canillita y visito a los amigos que colaboran comprando la publicación. Camino Gualeguay con El Tren Zonal, y también la camino llevando los ejemplares de Desde Boedo.
Anoté entonces, como testigo, en mi memoria, el encuentro del periodista y escritor Mario Bellocchio y el poeta Ricardo Maldonado, amigos con identidad, dos personajes que se encontraron en la casa de este cronista que, como ellos, es un trabajador de la cultura que sabe de su vereda.

En la chacra gualeya hubo un día en que se hizo encuentro de ideas y palabras. Hubo saludos de copas, y la música del poeta guitarrero.

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